Saturday, April 09, 2005

Un Par de Reflexiones, Parte 8: La Idea de Merecimiento del Bien

"Yo me lo merezco... me lo merezco, me lo merezco...". Me pregunto a cuánta gente le cuesta un mundo decir esto (haz el intento, toma el espejo más cercano y dilo con convicción "Yo merezco... - agrega lo que quieras - , sientes como si algo se resistiera a lo que acabas de decir???)... quizás mis apreciaciones cuantitativas son pocas si en verdad viera las cosas como son, viera a las personas en vez de asociarlas más a una cantidad que a nada más. Aplico esto a mi propio caso y, sinceramente, cuesta mucho cambiar la postura de "no me merezco nada" (con su infinidad de razones que respaldan) a "me merezco todo" (con su infinidad de razones que respaldan), especialmente por el peso de los años de costumbre y, más que nada, porque uno suele descartar lo bueno y tomar lo malo como especie de castigo por el "no hiciste lo que el resto quería que hicieras" (cosa que deseo ahondar hasta que no quede más por decir). Se enseña generalmente a ser lo más mediocre posible y depender de todo lo que nos rodea, no a brillar y a ser la mejor persona que puedas, sino que a representar parte de la masa homogénea y anónima en la que se ha convertido el mundo, así que muchas de las demostraciones de amor hacia uno mismo y autoestima se ven regadas por el suelo de la negación. Así, con esa postura tan denigrante desde pequeño enfrentándose a tu mente diseñada en inicio para ser tu mejor herramienta de desempeño, queda casi dicho que perderás el control de lo que piensas y te verás forzado a seguir las reglas (nadie se ha escapado de esto, lamentablemente) y entrarás derecho a una espiral de desencuentros internos y externos que reafirmarán tu postura antimerecimiento (cabe señalar que hay quienes son excepciones a la regla, por fortuna n_n).

Llegado un punto en el que todo está mal (el comentario interno típico es que Dios o el Destino han diseñado esto para ti) se asoma tímidamente la idea del Merecimiento, como una especie de ayuda salvadora y un reloj despertador todo en uno que te sirven para tomar conciencia de tus actos y darte a entender que no todo es malo, por el contrario, que la pases mal iría contra tu diseño original de amor, como imagen y semejanza de Dios que eres (irrefutable). En este punto crucial de tu vida, donde vuelves a enfrentarte a la idea de creer en que no mereces nada y poder cambiarla con la idea del Merecimiento del Bien, es cuando emerge el sabio que todos tenemos adentro y que depende de ti que escuches. No te culpo ni te culpes si no eres capaz de escucharlo a la primera oportunidad, es obvio que unas palabras de afecto de parte tuya te desconcierten y las trates de callar, pero creo que ante tanta insistencia terminarás escuchando finalmente... Recuerdo que, al momento de oír "¿qué has hecho tan malo que eres capaz de decirte que eres mala y tratarte como la peor basura del mundo?", me quedé helada y lloré como nunca: mi sabio interno me estaba hablando directo al corazón y decidí escucharlo con toda mi atención, porque ya no aguantaba más tantas malas situaciones en mi vida y pensaba en que algo más podía existir. Me escuché responder "no he hecho nada malo, lo no tan bueno fue no quererme como me merezco, porque merezco ser querida por mí y por todos" y ahí fue cuando empezó todo el camino de vuelta al estado de amor original que traes cuando naces. Creo que el primer paso para que todas las cosas cambien en la vida es el merecer que cambien para bien, ya todos hemos tenido suficiente desamor desde tus propios pensamientos y acciones y también de las ajenas. Cortando el lazo del desamor se puede llegar a eso que soñamos muchos de los habitantes de este planeta, a la Unidad, a la Felicidad...

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