Friday, October 26, 2007

Los Escritos (No Tan) Perdidos de Sakenne I: Canto XI

Mientras miro el reloj y las horas van siendo devoradas por el paso del cruel tiempo, me pongo a pensar en todo aquello que siento haber perdido… mis ojos se posan sobre otros que permanecen fijos en mi cara, pendiendo del recuerdo, de la locura, de la veracidad con que sólo un lazo irrompible puede vestirse. Estiro la mano y toco la piel que, si bien no me acompaña, aún hace temblar mis dedos… la piel de quien se desprende tanto calor que me hace seguir viva, esperando…

¿Cuánta poesía puede resistir un corazón sin destrozarse por la nostalgia y el llanto? No lo sé, pero yo he aguantado mucha y convertido mi lengua en una que reza en su nombre… he secado mis lágrimas con ese pañuelo que muchos desprecian por su fineza y me he dado cuenta de que me devuelve la paz que me abandona cada noche con su embriagador aroma a dulzura infinita, cuando siento que sólo yo estoy sumergida en un mundo donde nada parece pertenecerme, ni el destino siquiera… ¿Cuánta poesía puede nacer de un ser que se está flagelando día con día, condenándose a no sentir más? Mucha, porque ésa es la protesta de un interior torrentoso que se niega a ser callado… Yo misma me niego a mi silencio y es quizás por eso que, mientras las horas corren y todos parecemos ir evolucionando inevitablemente a algo que no sabemos qué es, voy creando una poesía eterna con las memorias y las añoranzas que cuelgan como las eternas lágrimas de mis ojos y se estrella contra la fría y dura superficie de la indiferencia…

En mi silencio a medias, aparece aquello que me quita la paz y, mágicamente, me la devuelve… mi visión, aquella que toca mi rostro cuando no hay quien me consuele y, cuando deseo retenerla a mi lado, se ha ido espantada por mi a veces absurda cabeza… Si tan sólo pudiera, abrazaría a mi amada visión como nunca… porque de ella se desprende todo lo que hoy soy, en lo que me he convertido y en lo que me he negado tantas veces… me ha recordado que existe ese sueño del que no me tendré que despertar jamás, que hay algo que es tan mío como yo misma y que, por algún recoveco de la vida, me está esperando… mi amada visión, mi añorada visión, esa imagen que no me abandona desde que pasó de ser realidad a fantasía, descansando entre los laureles de mi mente para volver a resucitar respirando un aire nuevo, pero conteniendo el aliento como antes… amado espíritu que vagas en mi memoria, sumergiéndote en aquellas vivencias que he callado con tanto ahínco, haciéndote dueño de todo lo que en mí habita… mi amado espíritu, quizás te alegre saber que mi no olvido de ti se ha vuelto una constante, una obsesión que es más dichosa que una tortura, más dulce que lo amargo que despide la vida, más real que cualquier realidad que intenten colocarme frente a los ojos… más viva que la misma vida…

Amado ser, deberé conformarme con besar tu recuerdo y tocar tu gloria mientras no dejas de ser un extraño cuento de hadas cuya princesa intentó siempre sacarse los zapatos para que no la hallaras más… rezo cada noche en la sagrada lengua que ambos aprendimos en esos momentos de penumbra, donde nuestros corazones lo iluminaron todo con sus latidos conjuntos… rezo para que, desde donde duermes, puedas abrir los ojos y volverte carne, volverte huesos…

Volverte vida…

Vive…

Sakenne

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