Wednesday, May 21, 2008

Lluvia Otra Vez...

Dijeron que iba a llover... y así fue. De hecho, son las 2:15 am y sigue lloviendo, con cara de que no va a parar hasta que al cielo le dé hipo. Fue genial en principio, hubo truenos y relámpagos como una buena historia de terror o de ésas de Corín Tellado, plagadas de tórridos romances y cópulas mojadas. A mí me gusta la lluvia y, al mismo tiempo, me deprime... me gusta porque es divertido andar chapoteando en el agua - bien armada, eso sí - y ver cómo la gente corre a guarecerse hasta en un bar de mala muerte y me deprime porque, llegado uno a casa, se encuentra en un estado de hacinamiento donde todos estamos encerrados y dándonos vueltas como leones enjaulados... y yo que suelo estar casi siempre sola en casita... (snif). La naturaleza tiene sus modos púberes (algunas veces) de expresar lo que le pasa... empezó con un cielo plomizo amenazante, vientos potentes y sensación cálida, para luego largarse con una sinfonía en 'pum!!!' Mayor acompañada con el Coro de Perros Aulladores de Quintero y finalizar con una caída libre de goterones gratis. Toda una obra maestra de prinicipio a fin... y tan caprichosa como el 99% de la humanidad.

La naturaleza me recuerda demasiado lo dramático de la existencia y la creación... a veces tiene catarsis y de ellas sale algo nuevo y hermoso... de la lluvia sale todo un espectro de renovación tal que uno no puede dimensionarlo jamás; asimismo, el estado de catarsis de un ser tiene el mismo potencial creativo/destructivo/renovador que las manifestaciones de la Tierra, sólo que en una escala diferente. Si uno ve hacia afuera se puede dar cuenta de que todo es reflejo de todo... la lluvia es como el sentir profundo que, sin pensarlo, puede alimentarnos de nueva vida y lavar lo que nos lastima. Hay tanto de nosotros en la naturaleza o, mejor dicho, hay tanto de la naturaleza en nosotros que no somos capaces de mirarla por miedo a darnos cuenta de que, al destruir aquello que nos han entregado para labrar una vida feliz, estamos haciéndonos pedazos por dentro... pero sé que, como todo en este mundo, las oportunidades de cambiar, ver y hacer que estemos en armonía son infinitas, tanto como el ciclo eterno de sol y lluvia que, sin darnos cuenta, marcan un ritmo ancestral, sabio y eterno.


Las oportunidades saltan a nuestros ojos todos los días, a cada momento, tras cada respiro... Es cosa nada más de mirar hacia el cielo y ver cómo - luego de lo gris de una lluvia torrencial - puede emerger un prisma completo de bellos colores, casi como si fuera un pequeño milagro aparecido entre los escombros de una obra demolida... El sol nunca se va; asimismo, la vida tiene sus métodos para hacerse valer y prevalecer a través del tiempo, la desolación y el pesar...

Sakenne.

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