Tuesday, May 26, 2009

Homenaje : )

Uf, mucho tiempo sin escribir por acá, ¿verdad? Ehm, tengo mis razones, of course... Sucede que, en noviembre del año pasado (específicamente el 11/11... uuuuyyy XD), conocí a alguien muy especial por las vías intrincadas de la vida (alias, la internet) y desde ese momento como que la cosirijilla de la life me anduvo cambiando un poco (ok, lo admito, su bueeeen poco) ¿Su nombre?: Mattias Ingvald Karlsson (para mí, Mattias Corleone a.k.a, "Il Matti"), mi pololo :)
Mattias y mi madre, en tertulia XD (por ahí asoma la boca de su amada Kunstmann XD).
Este chiquillo, que recurrió a mandarme un mensaje en español (nada más lejano a su natal sueco) como modo de obtener mi siempre esquiva atención y, apenas me pudo tener por MSN no me soltó más, se convirtió de la nada en el culpable de todas mis millones de horas de ocio en la internet, mis peores caras vía Skype, MSN y fotos (también las mejores), la mayor gastadera de dinero que he hecho en mi vida de tarjetas telefónicas (podría escribir un breve manual de cómo hacer desaparecer 25 lucas en un día y tan sólo hablando intrascendencias, a ojos de la "suciedad", digo, sociedad) y los días más felices de mi vida, que es cuando (de la nada) me dice "voy a Chile" y un par de semanas después me muestra, muy campante él, el ticket que decía clarito "SCL" (la sigla del Chanteropuerto de Santiago XD) y un mensaje de "trevlig resa" (es como decir "buen viaje", pero un poquito más expresivo) escrito por la ejecutiva de la agencia de viajes. Ni pregunten cómo diablos reaccioné, si yo apenas caí a tierra cuando estaba en el Aeropuerto, 7:30 AM, dándome más vueltas que las vienesas que ponen en los hot dogs de supermercado y, de la nada, lo vi... Voy a ser sincera, deslenguada, tajante... para mis adentros me dije "¡¡¡puta que está rico!!!", pero que mi lado "B" (el externo, claro) sólo atinó a darle un beso en la cara y un abrazo... ¿él?, puras sonrisas y halagos mientras yo hacía el ridículo sin parar poniendo caras locas y comentando toda burrada habida y por haber que en ese momento pasaba por mi colapsada cabeza. Salimos del Aeropuerto y yo le di galletas, ahí me di cuenta de una realidad que me sacudió bastante, especialmente a mi cultura "chilensis azucaradis": no le gustan mucho los dulces... pero se las comió porque la cara de cachorro malherido que le puse fue para patentarla y colocarla de slogan para campaña anti - maltrato animal. Decidimos ir a Viña del Mar, para que viera un poco la ciudad y comiéramos algo, mientras él relajaba las patitas y tomaba aire festivalero... pero no contamos con que el chofer se pegó su olvidada más o menos y llevaba las luces delanteras apagadas en plena ruta 68... ¿resultado?, el chofer parteado, nosotros con la cabeza frita por la espera y el sol y, para más remate, saliendo en las noticias del 13 (no las vi, suficiente vergüenza fue haberlo vivido para andarlo repitiendo). Luego de la tallita de bienvenida, encaminamos hacia Viña y él curioseaba todo lo que llegaba a sus ojos (observaba con especial énfasis la Cordillera de los Andes, cosa que los chilenos miramos a huevo por estar enredada en ella desde el inicio de nuestros días), me miraba la mano ("qué pequeña", comentó, mientras me la tomó y el chofer comentaba que hacíamos linda pareja y que nuestros hijos serían bien bonitos, cuac!) y se entretenía viendo los viñedos cercanos a Casablanca, condimentados con mis conocedores comentarios de abstemia, jajajaja! Al arribar a Viña, pasamos directamente al Viña Shopping y tomamos asiento en el Segafredo, pleno patio de comidas, vacío porque eran las 10:30 am. Pedí un ave palta y él, porque quería probar (y a modo de simbiosis conmigo), pidió lo mismo junto a un capuccino... ahí descubrió algo que nunca había visto en su vida: nuestra adicción a la palta y la facilidad que tenemos para echarle tan distinguido y amado fruto hasta a la taza del baño si es que eso resultara saludable. Ni decir que esa adicción le anduvo gustando y que también aprendió a comer arroz con palta, ensalada con palta y pancito con palta a destajo, tomando así algo de cultura chilena y expandiéndola por su natal Suecia, comprando allá también sus paltas para degustar y echarle a todo lo comestible que ve.
Foto que él sacó de Viña, en el puente entre el Viña Shopping y el Marina Arauco :)
Luego del desayuno (y las constantes miradas de la tipa que nos atendió), encaminamos a Quintero y le dimos la bienvenida a nuestra casa... que estaba patas arriba. Yo le cedí mi pieza y decidí dormir en el sillón, aunque tuve que pedirle ayuda a mi padrastro para que me hiciera una casa para mi coneja (que estaba - y ahora de nuevo - "con los calores") y así erradicar el olorcillo a saltarín que asomaba por cada poro de mi cuarto (lo juro, casi fumigo). Mattias se tiró un rato en la cama y en 3 segundos quedó entero lleno de pelos, pero se lo tomó con Andina y me dijo "necesitamos comprar una escobilla para pelos", mientras se cambió de ropa - conmigo afuera, claro - y se puso algo más cómodo. Entré de nuevo y, luego de poner otra ropa de cama, nos estiramos y tomamos sol a través de la ventana (la desventaja de ser muy blanco), para - en un rato - salir a comprar y así iniciar con la tradición que cumplimos las 5 semanas que él estuvo acá. Llegó la primera noche y se fue a dormir, muy tranquilo, mientras yo parecía origami en el sillón que, si bien es bastante grande, me resultaba demasiado incómodo para pernoctar en él. Él me despertó a la mañana siguiente y partimos a recorrer un poco de Quintero, donde probó por primera vez algo que le gustaría bastante y que comería muchas otras veces: las empanadas. Probó una empanada de pino y le dio su aprobación absoluta a la primera mordida, preguntándome qué contenía susodicha muestra de exquisitez y respondiendo con sus característicos "mmm" a mi explicación culinaria. Decidimos no salir en la tarde ese día, porque estaba aún cansado de viajar tanto, y nos quedamos mirando TV... recuerdo que estaban dando "Caso Cerrado" y, de la nada, me abraza y se queda dormido... tuve que soltarme y lo tapé, aunque me agarró de nuevo y, mientras él soñaba con más paltas, yo me dediqué a mirar el programa. En la noche abrió el regalo que le tenía: un Ron Barceló de 1.75 lts, conociendo una nueva faceta del copete... la roncola. Le gustó tanto que invitó a mi padrastro y él se emborrachó de tal manera que terminó tirándole accidentalmente una buena cantidad de arroz a mi pobre Mattias y ganándose el odio camuflado de mi sacrosanta madre.
Toma de una banca de la playa "Los Enamorados", en Quintero.
El viernes 10 llegó mi hermano con su polola y lo conocieron... todo bien, ni un solo drama... hasta que mi hermano supo que ahora dormíamos en la misma pieza, amén de mi casi dislocación vertebral gracias a la incomodidad del sillón y mi poca habilidad de adaptación a los espacios almohadísticos... ugh, ni decir la mueca que puso, jojojo! Ese día no hicimos mucho, salvo retozar como un par de yeguas echadas en el sillón y dormir temprano... Al otro día, sin embargo, era diferente la trompeta que tocaba: el cumpleaños de Mattias. ¿Qué edad cumplió?, ne, un caballero no dice su edad, jajajaja! Lo llevamos a comer con mi mamá, probó el pisco sour y el pastel de jaiba y lo consentimos todo el día... en la noche le di mis regalos, que era un chocolate Coffler blanco con pintas de café (su única adicción dulce), unas pantuflas de perrito (que primero no le gustaron mucho, pero luego aprendió a querer) y, a pedido de él en un momento de atrevimiento, un beso. De ahí se fue todo por un tubo (salvo una alergia loca que le apareció a la semana de llegar) y empecé a llevarlo a Viña, Valparaíso (nos quedamos una noche allá) y planeamos un viaje largo a Santiago, cuando aparece lo peor. Eran como las 4 de la mañana del lunes en el que nos íbamos a Santiago (con reserva de hostel y todo) y la polola de mi hermano nos llama del hospital de Rancagua, con la noticia de que él estaba grave, con una hemorragia y hospitalizado. Partimos con mi mamá hacia Rancagua, pero yo no aguanté el viaje (venía de hace días con problemas al estómago) y tuve que quedarme con Mattias en Viña... no se imaginan la frustración de que él tuviera que vivir todas esas cosas estresantes conmigo, de yo estar enferma, mi hermano enfermo y mi mamá corriendo para todos lados. Volvimos a casa cuando ya me sentía algo mejor (ni decir que Mattias me compró de todo para subirme el ánimo) y mi mamá llegó en la noche, diciendo que mi hermano estaba estable y que no nos preocupáramos. Al otro día, llama mi mamá diciendo que mi hermano empeoró y que buscara al chofer que nos llevó al aeropuerto, esta vez, para partir a Rancagua... en menos de 3 horas estábamos allá y, tras constatar que todo estaba mejor de lo que se esperaba, volvimos a Quintero. Con Mattias decidimos ir a Santiago el miércoles y la pasamos megabien... salvo porque me enfermé yo y tuve que partir donde mi tía a conseguirme una receta en el segundo día de estar allá. Amó Providencia, el lomo a lo pobre, el pebre 'cuchareao' y untarlo en hallullas chiquitas mientras esperábamos por el plato principal, cosa que repitió en todos los restaurantes en el que estuvimos (primero miraba raro, pero cuando me vio devorar con confianza, se sintió lo suficientemente cómodo para emularme). También aprendió a tomar helado de lúcuma, comió más empanadas y tuvo el suficiente estómago para probar y aprobar mis primeros intentos de cocinera que he tenido en la vida, diciendo que estaba todo muy rico y probando que era comestible al no caer enfermo a los 5 minutos, jajaja! Descubrí que ama comer, aunque allá en Kalmar - su ciudad - no pareciera gastar demasiado dinero en echarse cosas a la boca... sin embargo, en Chile no hubo restaurante medianamente atractivo a sus ojos en el que no pusiera sus pies, por ejemplo: - Segafredo (Viña Shopping y Mall Marina Arauco), comiendo ave paltas y gnocchis con salsa boloñesa hasta que salimos rodando del patio de comidas. - Cevasco (Viña), donde se comió un churrasco como corresponde... rodeado de flaites XD - El Canelo (Quintero), lugar donde conoció los placeres de la Kunstmann sin filtrar (tal era el grado de demanda por parte de mi chiquillo de la cerveza en cuestión que el dueño trajo más 'para que el joven no se quede sin cerveza'...plop!). - Florida (Viña del Mar), el sitio de encuentro con el pan con mayo casera en cantidades industriales (nos comimos 9 una vez) y platos guerrilleros de lomo a lo pobre. - Brighton (Valparaíso), donde - sin querer - pedí 2 happy hours y un milkshake... raro el sabor que queda entre medio pisco sour y un milkshake de lúcuma, condimentado con maní salado. - Café del Poeta (Valparaíso), rico sandwich y más cerveza, por favor. - Lomit's (Santiago), lugar donde - según la sabiduría lingual de Mattias - hacían los mejores lomos a lo pobre que había paladeado (y también los más caros). - Bushido (Santiago), donde probó el sushi de salmón y yo me quedé con las ganas de tomarme una sopa de miso que se veía muy rica y que no pude probar porque estaba enferma del estómago (igual se la tomó él). - El restaurante chino que había a una cuadra del hostel, del cual no recuerdo su nombre y en donde demostramos que podemos comer como cerdos... literalmente (pobre mantel!!!). La comida era excelente y primera vez que veo tanta cosa junta por menos de 8 lucas... y con cocineros chinos y todo (bien!). - Otro restaurante que no recuerdo, en Patronato, donde Mattias se sirvió su lomo a lo pobre de siempre y se puso celoso de la 'especial atención' del mozo con este pechito (jujuju). - Gatsby (Alto las Condes, Aeropuerto de Santiago), donde ambos comprobamos que hay gente que come más como chancho que nosotros... y son ABC1. ¡Qué manera de hacer fila las viejas cuicas, preguntando por la cantidad de grasa de las porciones de costillar y luego comiéndose una bandeja de una sentada! Y un etcétera bastante largo sería mencionar qué comió en mi casa XD.
Un limón en el hostal "El Patio Suizo", en Santiago (muuuuy buen lugar!!!)
Pasaron las semanas y se tuvo que marchar... fuimos a Viña otro par de veces antes de que se fuera, precisamente el día anterior, y a la vuelta ambos lloramos... a él se le caían unas lágrimas silenciosas y yo intentaba no seguirle el paso siendo algo más optimista, pero dentro de mí todo se rompía en pedazos... En el Aeropuerto estábamos los dos mal, apenas comimos algo y corrimos al baño... decidió partir rápido a Policía Internacional y así no alargar la tortura... antes de irse vi que sus ojos estaban llenos de lágrimas, pero sonreía y me dijo "nos vemos en julio" luego de darme tantos besos como pudo. Yo sonreí también, porque decidimos que en julio iría yo a visitarlo a Suecia y ya tenemos mucho encaminado para que eso se concrete finalmente...
Atardecer en la playa "El Libro" (y la foto salió bien, eaaa!!!)
Ya han pasado 14 días desde que volvió a casa y ni hay que decir que lo extraño mucho, aunque lo veo cada día por Skype... no se compara a tenerlo cerca y compartir, reír y verlo en cada una de sus facetas. Él me ha enseñado mucho, especialmente a tenerme confianza y a ser más optimista... también he aprendido a ser más tolerante y mejor persona, más atenta, descubrí una Karina que no conocía y que, gracias a él, ahora también comparte este cuerpecito, ito. Verdaderamente es como un milagro y agradezco al de Arriba que me puso en su camino para que él me mensajeara, jajajajaja!, es lo mejor que me ha pasado en la vida y creo que nunca dejaré de pensar lo mismo, de verdad... Mattias, Jag älskar dig av hela mitt bröst!!! (hahahaha!!!)
A todos los demás, muchos saludos :) Sakenne :)

1 comment:

eMe.Hå. said...

que bonito. Estoy segura que también te ama. Ya verás que todo saldrá requetebien (y me tienes que venir a ver!)