Monday, July 13, 2009

Una Cuestión de Apetito.

He vuelto a la antigua vida de Sakenne: comida sana y ejercicios militares. Tener novio, de por sí, hace que reduzcas tu cantidad de ejercicios en la máquina y demases (más si tienes al novio en la casa y más aún si el novio en cuestión está de vacaciones en tu casa), así que mi elíptica descansó de lo lindo como 3 meses, ja! A la llegada de Mattias a Chile, decidí que haría ejercicio toooodos los días... cosa que fue efectiva sólo el segundo día de su estancia, cuando se quedó dormido en el sillón y yo tuve algo de tiempo libre para ponerme en la mini alfombra de al lado y hacer Pilates (despertaba y me miraba de cuando en cuando, jajajaja)... de ahí, nunca más hasta ahora... casi dos meses después que se fue (mañana 15 se cumplen los dos meses, buaaa!). La verdad de las verdades, los novios son la peor distracción para una mujer a la hora de seguir una dieta, hacer rutinas de ejercicios y dedicar algo de tiempo a la belleza femenina, porque te devoran el tiempo (ni decir en mi caso, que nos separábamos nada más para ir al baño) y devoran tooodo lo que ven... de lo que hacías en soltería, te queda poco y nada... más bien, tirando a nada (una cosa por otra, pue). Con Mattias fue así: intentaba hacer Pilates o máquina y él me distraía con algo o, simplemente, se ponía cariñoso y yo me olvidaba. Otra de sus tácticas para distraerme del ejercicio era sacarme de casa para todos lados... seee, caminar es ejercicio, pero luego compraba algo para el hambre y yo caía redondita ante los dulces que me insistía en regalar, feliz de la vida. Caminamos a la playa que queda a la vuelta de mi casa, a otras más lejanas y demases, pero estacionábamos en cualquier sitio donde hubiera sustento calórico y ahí la consigna era gastar dinero y ejercitar el maxilar inferior. Estábamos en Valparaíso y, si bien recorrimos cerro y medio, se le ocurre parar en un restaurante con feroz vista a comer... y abajo en otro... y más allá para en un supermercado ... y luego en una botillería (tengo la extraña sospecha de que mi novio es la versión escandinava de Pacman), para comprar reservas alimenticias en caso de "bajón nocturno". Lo mismo en Santiago: comer, comer, comer, comer y comer, si terminamos en unos tenedores libres y la gente me miraba raro cuando pedía toneladas de carne! (aunque luego se les pasaba cuando me veían dársela a él en una proporción 9 es a 1). Igual en Viña, igual acá, el Rey del Bistec a lo Pobre, probado en todas sus versiones y en todas las cuidades donde estuvo (incluso cuando fuimos a ver a mi hermano al hospital de Rancagua), a tal grado que hizo hasta una especie de Ránking de Bistecs (ganando el Lomit's de Providencia por una fritanga y media) y añorándolo increíblemente como cuando, el otro día - mientras me hablaba medio curado por Skype - me dijo "I want bistec a lo pobre", puchero incluido. Mattias es seco para el diente, con especial preferencia de carbohidratos, masas, pizzas y tallarines, es súper salado, pero es capaz de dejar todo eso botado por un bistec a lo pobre (se debe haber comido unos 15 en Chile, si no es que más)... y luego se pregunta por qué engordó tanto acá... El problema en sí no es que Mattias coma como el óxido, sino que yo también empecé a comer a la par y, sin darme cuenta, me comía un bistec a lo pobre con él y le picaba papas fritas o le sacaba pan... o sea, ¡me puse como chancho (no de peso, sino de apetito)! y claro que eso afectó en mi contextura física. Con Mattias acá no era drama comer tanto, las endorfinas al tenerlo a mi lado y todas las actividades que hacíamos juntos me mantenían a raya, pero él se llevó las endorfinas dichosas en el avión de vuelta a su casa ese doloroso 15 de mayo y ahí creóse el problema: apetito post Mattias sin endorfinas, o sea, subí como 3 kilos y me horroricé cuando todo me empezó a quedar apretado... muuuuy apretado (tipo "échate a la cama para que puedas abrocharlo", jajajajaja). El sábado fue la hecatombe. Partimos con mi mamá a la feria y yo me dispuse a reconciliarme con mis verduras regalonas, así que llevamos unas cuantas y me serví la sagrada ensalada del día, como en los viejos tiempos. Ni decir que me cupo en un cuarto de muela, pero no me dicen que tengo fuerza de voluntad por algo, así que aguanté las ganas de comerme la olla entera de arroz y meterle papas fritas, jajajaja! Luego de esa especie de "cargada de baterías" agarré la elíptica y fue como si nunca me hubiera subido a ella... cuando bajé, mis canillas tenían Parkinson y yo boqueaba como pescado. Me dio rabia y me regañé, vuelta a la máquina y completé lo que hacía antes, pero no me forcé a hacer Pilates como antes, sólo vi hasta dónde podía llegar y me dolió lo indecible poder estirar como realmente es la cosa, pero igual completé la rutina... ya ayer no fue tanto el esfuerzo y hoy era como en los viejos tiempos, hice las dos rutinas juntas más máquinas y no se me movió un pelo (tan mal no estaba, mi hermano está peor XD), además que no me dio hambre luego de comerme el plato de ensalada de hoy, o sea, feliz... mientras Mattias volvió a sus fideos con salsa de carne suecos, extrañando el bistec a lo pobre a tal punto que llega a soñar con él y me promete hacer una dieta, miren que la comida chilena le aumentó, al menos, unos 8 kilos, jojojo! Saludos saludables XD, voy al tuto (mientras él sigue extrañando el bistec... menos mal que no lo llevé a Argentina, ahora se estaría suicidando). Que tengan un(a) buen(a) día/tarde/noche Yo :)

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