Friday, November 06, 2009

La Tercera Guerra... Capilar.



A ratos mi comprensión acerca del género masculino (no del género patanero) pasa de escasa a nula. Pueden fluctuar de pasar de ti olímpicamente, confundiéndote con el papel mural, a querer controlar y verificar todos y cada uno de los detalles que conciernen a tu persona, desde tu ropa interior con rayas hasta de qué color vas a salir maquillada. Conozco casos extremos de tipos que ponen el grito en el cielo cuando su novia/esposa decide poner una pestaña en el exterior con una falda apenas dos dedos encima de la rodilla y que, por ellos, tendrían a su damisela encerrada en el clóset (sin comida, por mala)... y está el caso de Mattias, un sueco inocente que desató lo que he denominado "La Tercera Guerra Capilar".
Empecemos diciendo, para quienes no me conocen bien, que mi nivel de tolerancia a la palabra "no" es cercana a 0... pero por el lado de los negativos (ando por ahí por el -5), así que esas dichosas dos letras (o tres o más, dependiendo del idioma empleado) pueden llevarme del estado Zen más profundo a convertirme en un verdadero demonio. Ok, puedo entender que me digan que no si pregunto "puedo cortarte un testículo con las tijeras que hay en la cocina?", pero de ahí a que me digan que no me puedo teñir el pelo de cierto color por un par de razones con menos peso que regalo de suegra, hay mucho espacio... y poca justificación.
Para adentrarlos en el campo de batalla, parto aclarando el asunto de mi famoso pelo. He tenido mi cabellera de varios colores, pero ahora lo uso rojo, bien rojo, del tipo de carmesí que hace que en Chile me miren con cierto espanto las rubias al agua oxigenada (con lo que me importa) y que la gente de otro color me envidie por la "valentía" de "andar por la vida con tanta personalidad". Decidí, contrariamente a las órdenes inciales de mi Psicólogo (quien me dijo que me tiñera el pelo de vuelta desde el negro a mi color original, que es rubio naranjoso), cambiar de repente mis mechas doradas a la fuerza por un tono menos extraño para mi gusto, o sea, rojo 6/66 (qué satánica, jajajaja!, aunque después bajé a 6/50). Igual hay otra razón por la cual me fui al rojo y fue porque, para mantenerlo rubio, debía decolorarme un poco y la primera decoloración que me hicieron fue tan, pero tan dolorosa que mi cuero cabelludo quedó resentido por dos semanas (te odio, blondor!!!), además de que no me gusta el rubio en mi cabeza y ahí sí que no hay vuelta que darle... entonces decidí por el rojo y, si bien le fui infiel con el color chocolate durante un par de meses, decidí no separarme de él.
La guerra del pelo con Mattias, que es rubio por su sangre nórdica y a pesar que su papá era de pelo negro en sus años mozos, se ha gestado no porque no le guste mi color de pelo (de hecho, le gusta mucho que yo tenga el pelo rojo)... es por motivos netamente de burocracia capilar. Explico: él jura sobre una Biblia que en las peluquerías usan tinturas rojas que son mejores y que... no manchan nada. Le puedo ceder el punto en el hecho que, efectivamente, en las peluquerías usan buenas tinturas, pero yo me he teñido desde siempre con marcas profesionales y con envases de aplicación profesional (los tubos que debes mezclar en un recipiente y no los que vienen con aplicador) y el rojo, sea de la marca que sea, mancha. Yo he probado marcas francesas, italianas, alemanas, argentinas, etc. y no hay ninguna, absolutamente ninguna que yo haya probado que no provoque que todo quede como película de terror. Para él es fácil hablar, total, es rubio y - en caso de teñirse alguna vez - el agua le saldrá igual de clara que siempre y no como jugo de frutilla, como es el caso cuando yo me baño. Como iba diciendo, la guerra es netamente por un asunto de burocracia (jura que las tinturas rojas no manchan si es que son de peluquería) y también por las toallas... Alega que las toallas quedan rojas y que no se ven bien, cuando podría solucionarlo donándome una de sus 25 toallas para que yo la deje como obra de arte con la tintura y lavarla sin muchas esperanzas en vez de quejarse tanto y pensar - utópicamente - que existe una tintura roja que no deje rojo todo lo que toca, jajajaja! (aparte, qué tanto se queja si las toallas no las lava él?).
Hoy Mattias tiene que trabajar, así que le dije - como excusa para llevar a cabo mi maquiavélico plan capilar - que iba al supermercado a comprar pan para dejarle hecho cuando vuelva y también abastecernos de leche para su café mañanero, así que me fue a dejar al Giraffen Köpcentrum (que es una especie de mall con dos supermercados grandes y donde también está Securitas, que es donde trabaja él) y partí al Maxi ICA, con una cara de maldad que hasta a mí me daba miedo, jajajaja! Estuve como media hora viendo qué tono de rojo estridente me colocaba en la cabeza y al final ganó un 8/72 (para los que no saben de color, el 8/72 es más claro que el 6/66 en la escala de 1(negro) a 10 (rubio muy claro), así que es un poco más estridente que el que llevaba antes) de la marca Schwarzkopf, que es alemana. Obvio que compré la leche y el pan y pagué, mientras la gente aplaudía por un par de nórdicos bailando salsa más desabridos que arroz sin sal y un par de cabras chicas me miraba raro por mi bufanda de conejo amarillo.
Pagué y me vine caminando, el Giraffen no queda lejos del departamento y necesitaba tomar un poco de aire, además que hay como 8 grados y con eso acá uno llega a sudar, jajajajaja! Pensé que Mattias me iba a atajar como suele hacerlo cuando voy al super sola, pasando casualmente por la misma calle que voy yo y haciendo que salte en el auto de la empresa antes de que alguien lo pille, pero esta vez - como le toca ser el líder del escuadrón - apenas tiene tiempo para respirar y mucho menos tiene tiempo para buscarme. La bolsa estaba liviana y no llueve, así que me vine a paso tranquilo y llegué al departamento en 10 minutos, guardé todo lo que compré y me fui derechito a teñir el pelo, el cual tenía en estado francamente deplorable (con más raíces que araucaria de 2000 años) gracias a que Mattias insistía en la idea de que fuera a la peluquería y ésta sale, al menos, 500 kr. (37.500 pesos chilenos) que no estoy dispuesta a gastar. Hice lo de siempre: guantes, bolsita para el cuello, cuidado con todas las cosas cercanas a mis manos y a la tintura y esperar pacientemente los 30 minutos que esta tintura en cuestión me indicaba, enjuagar con ganas y botar todo a la basura (esta vez, con especial cuidado en que él no descubra que me teñí el pelo hasta que lo vea y no hasta que lo lea)... el resultado: aún no lo veo bien, tengo el pelo mojado, jajajaja! Por lo menos, me atrevo a decir que se ve bastante mejor que como lo tenía antes y, a pesar que no es lo mismo tenerlo de este tono a como me lo dejaba mi tintura Elgon 6/50 regalona, se ve mucho mejor que las greñas deslavadas que poseía un par de horas atrás. Lo que sí quedó bien colorinche fue la toalla... gulp, pero mi querido Corleone va a tener que tragárselas no más y poner más detergente en la lavadora, jajajaja!
Lo siento, Mattias, he ganado la guerra!!! Muaaajajaja!
Saludos a todos y tíñanse con cuidado :)
Yo :)

2 comments:

Caro Tere said...

jajajaja, k entrete tu relato de hoy (aunque para tí, quizás no lo fue vivirlo in situ) y que caro el teñirse en una peluquería, a mi aquí en Osorno (voy casi cada 2 meses) me sale $10.000.-, pero tengo que hacerle, me estoy llenado de canas :-(, saludos y buen fin de semana

Sakenne said...

Seee, sale eso! Me fui de espaldas cuando Mattias, tan suelto de cuerpo él (y sin la más mínima idea de lo barato que sale en Chile ir a la peluquería), me sale con un: "si vamos los dos a la peluquería, va a salir como unas 1000 kr. (75 lucas!!!)". De verdad, prefiero agarrarme yo misma con la tijera en vez de hacer tamaño despilfarro, ajajaja!!!

Igual te sale barato 10 lucas por todo, a mí me cobraron una vez 27... y me fui por donde vine, jojojo!!!

Saludos nocturnos :)