Wednesday, November 24, 2010

Crónica de mi Vuelta a Suecia :)

Hola, mis queridos lectores! Pido millones de disculpas por no haber escrito antes, pero el tiempo se me hizo muy escaso y recién hoy puedo usar las horitas que tengo “sin pareja” para poder darle una actualizada a mi blog. Como ya deben estar calculando, volví a Suecia el 27 de octubre pasado y puse mis lindos piecitos en la tierra de IKEA el 28 a las 5:15 de la tarde (cuando me bajé del tren que me llevó desde Copenhague hasta Malmö/Syd, la primera estación cruzando el puentecillo de Öresund), bajo un cielo nublado y algo de viento y tremendamente cansada…

Se preguntarán por qué tan cansada, si pasé 24 horas plácidamente entre uno y otro avión… y les respondo que hice cualquier cosa menos andar plácida en mi viaje. Fue un viaje de locos, de principio a fin, pero agradezco haber llegado viva y a la hora, yay! Esta vez no hice el intercontinental en TAM (se aliaron con LAN y subieron los precios a la mier…), sino que tuve mucha suerte de encontrar un pasaje barato en la aerolínea que más me gusta: Lufthansa. Como los de Lufthansa son alemanes, uno puede contar con algunas cosas a la hora de viajar con ellos (son puntuales, te tratan bien, despegan y aterrizan como corresponde, cuidan los aviones, etc.) y el viaje que tuve con ellos desde Frankfurt hasta Copenhague el año pasado me dejó una muy buena impresión, así que no dudé ni medio segundo antes de reservar. Había otras aerolíneas que también tenían precios decentes (Air France y Swiss), pero la primera me desagrada y me carga aterrizar en París y la segunda aterriza en Zürich, lugar conocido por tener vientos que hacen que uno aterrice tan doblado como una contorsionista, así que me fui a la segura y me resigné a esperar mi último avión por 4 horas en Frankfurt am Main.

Llegué a Santiago – para variar – temprano. Eran las 8:55 y el check – in lo abrían a las 9:30, así que tuve que sentarme un poco. Al momento de abrir el check – in, fui a la fila de TAM (que cubre el trayecto de Lufthansa desde Santiago a São Paulo) y estaba muy feliz haciendo dicha fila cuando veo a uno de los empleados de la compañía aérea revisando boletos como loco…

- Señorita, Ud. tiene un boleto con conexión en São Paulo, va a tener que seguirme – me dijo.

- Por qué? – le respondí yo.

- El vuelo viene con un retraso de una hora y llegaría a São Paulo con dos horas de retraso, así que no podría tomar el segundo vuelo…

- Ya… y qué vamos a hacer? – yo creo que me puse más pálida de lo que ya soy.

- No se preocupe… Ud. y los otros pasajeros en conexión serán reubicados en otro vuelo, un LAN…

- Que sale a las…

- Sale a las 12.

- Será, pues… – me salí de la fila e hice otra mini fila en la oficina de TAM del aeropuerto, para que me cambiaran el primer ticket.

El asunto demoró su resto… tuve que presentar pasaporte y mil cosas para que me entregaran de vuelta una hoja llena de garabatos que tenía que mostrar en la fila de LAN. A estas alturas, mi familia (mamá, padrastro y tía) me miraban con cara de “???” desde los asientos, así que partí con mis maletas a decirles todo el atado que estaba teniendo. Mi tía se paró a hacer la fila conmigo y justo cuando creí que todo estaba bien…

- Señorita, este vuelo es de TAM – me dijo la niña de LAN.

- Me mandaron desde TAM para acá con una orden – se la mostré. Tecleó y tecleó y puso mil caras. A esas alturas me sudaba hasta el trasero de los puros nervios.

- Nosotros no tenemos ninguna notificación al respecto… vaya a hablar con la gente de TAM – “cagó viaje, Karina”.

- De allá vengo – y justo llega el mismo tipo de la TAM, que le explicó a la niña lo mismo que me dijo a mí.

La chica de LAN vuelve a pedirme los papeles y me dice que espere 15 minutos… se para y se va. Yo le puse ojos llorosos.

- No tiene que hacer la fila de nuevo, espere acá y la atenderá otra funcionaria.

Mi tía me acompañó en ese intertanto y tuvimos la suerte (o la patudez?) de dar con la jefa y arreglárnosla con ella. Pasaron como 20 minutos y me dice que todos los transferidos podremos tomar el viaje, pero que los otros dos boletos tendrán que dármelos en São Paulo. Tuve que rellenar de nuevo la tarjeta de embarque y, cuando iba en la mejor, le pregunto…

- Van a respetar el criterio de peso de Lufthansa?

- No nos han dicho nada al respecto, lo máximo que puede llevar son dos piezas de 32 kilos (y el criterio de Lufthansa son dos piezas de 23)… si tiene sobrepeso…

- No, no! Estoy bien! – yay!

Pasé las maletas, me las pesaron, me pasaron el pasaje famoso y pude ir a hablar con mi mamá un poco antes de irme. Nos despedimos apuradas y todos me dijeron “chao” hasta que pasé Policía Internacional. La espera fue poca porque me terminé haciendo “amiga de viaje” con dos eslovenas que estaban en la misma situación que yo, así que parlamos de lo lindo hasta que abrieron la compuerta y tuvimos que embarcar. El viaje fue de 3:30 hrs., sin turbulencias y con buena comida… agradecí infinitamente la cantidad abundante de jugo de manzana que me dieron, porque estaba con una migraña de los mil demonios y el líquido me sirvió para tomarme cuanta pastilla pillé en mi bolso. Aterrizamos en São Paulo puntualmente, pasamos Policía Internacional (again) y me volví a encontrar con las eslovenas, que me invitaron a comer en agradecimiento porque les ayudé en Chile con sus pasajes ;) Una era profesora y la otra era directora y habían estado en Chile dando unas charlas (de educación, of course)… ambas tenían como 50 años y la profesora me contaba – para callado – que la directora era un poquito quisquillosa, cosa que pude comprobar estando 20 minutos sentada con ella. Se quejó de absolutamente todo lo quejable y hacía problemas por todo, desde que el pan estaba demasiado caliente hasta que la hija le había dicho que comprara no sé qué cosas en el Duty Free, todo un problema ambulante!

Menos mal que no tuvimos que hacer demasiado tiempo a que abrieran el puesto de Lufthansa y así pudimos obtener los boletos que nos faltaban hasta nuestros respectivos destinos. Abrieron la compuerta puntualmente, como siempre, y en un par de minutos me pude sentar en mi puesto: 38 A, en la ventana y al lado del ala (para ver si algún motor se quema XD). Las eslovenas quedaron más atrás, así que nos despedimos en la fila y - habiéndose subido todos – despegamos hacia Frankfurt.

El viaje fue un poco de todo: calor, turbulencias, tormenta, cambio de ruta, mucha comida y bebida y el caballero que se sentó en mi fila durmiendo como en una cuna. Vi que las cosas iban a ser movidas a la salida de Brasil, cuando echo una miradita por la ventana y veo relámpagos a diestra y siniestra… peor se puso cuando entramos al Atlántico y estuvimos varias horas volando entre nubes (tormenta de altura), con turbulencias a la carta y sabiéndome la única pasajera despierta en ese avión (miré para todos lados y era como si el Hada del Sueño hubiera decidido acampar en el 747-400 que quizás sería mi tumba, según lo que me dictaba mi psicótica mente). Fui al baño un par de veces a sacarme panties, calcetines y demases (aparte de hacer lo obvio, claro), porque el calor era sofocante… tanto era el calor dentro del avión que me dolía la cabeza y tenía más sed que piojo de Barbie, menos mal que los asistentes de vuelo pasaban cada hora con cosas para tomar y justo había jugo de manzana, yay! No había entretención en el asiento – los televisores estaban situados arriba, cada cierta cantidad de filas – y teníamos 30 estaciones de radio para elegir, así que yo puse el canal Jpop y esperé que me diera sueño… esperé… esperé… y el sueño no tocaba mi puerta. Hubo turbulencias algo fuertes a mitad del océano y yo pensé que hasta ahí no más llegaba – mente de viajera infrecuente, pues – pero pasó un rato y me di cuenta que el avión no se agitaba más, así que abrí para mirar y el cielo estrellado me dio la bienvenida… alivio! Eso sí, habían pasado ya 9 horas y me sorprendía que aún fuera de noche… era el equivalente a las 8:15 de la mañana y teníamos la luna sobre nuestras cabezas, lo que me hizo echar una mirada a la pantalla que tenía frente a mi fila y darme cuenta que, en vez de volar en diagonal hacia el centro de Europa (entrando por Portugal), íbamos en línea directa hacia Islandia! La única respuesta que se me ocurrió para tal cambio de ruta fue que el piloto prefirió evitar lo peor de la tormenta y sacrificar algo de tiempo (y luz) para que aterrizáramos completos, así que me quedé tranquila y vi cómo doblábamos en dirección Este unos 5 minutos más tarde, encaminándonos a Frankfurt am Main.

Aterrizamos a las 10:49, un minuto antes de lo esperado y de una manera limpia. Me admitieron de inmediato en Alemania, me revisaron entera – como a todos – y me dispuse a buscar la puerta de salida de mi último vuelo, que despegaría 4 horas más tarde. Tuve tiempo de sobra para ir al baño unas cuantas veces, comprar agua mineral y echar una siesta de una hora estirada en 4 asientos, jajajaja! Embarcamos 30 minutos antes del vuelo y, como siempre, salimos puntualmente a Copenhague.

Aterrizamos a las 16:00 en un Copenhague donde había parado recién de llover. Fui a buscar mis maletas y la más pequeña demoró en salir, así que tuve que esperar unos 15 minutos (sobre unas dolorosas botas altas) a tener las dos y partir a tomar el tren a Malmö. Mattias y yo decidimos que no me fuera a buscar al aeropuerto, sería un gasto inútil de dinero y así tenía más tiempo para perderse y encontrarse XD Tuve la mala suerte de que me tocó el vendedor de tickets más pesado del mundo – un tipo agrio como un envase de pepinillos vencidos – y otro tipejo se dio el lujo de aplastar mi maleta chica (lo encumbré a chuchadas, como buena chilena XD). Cuando ya estaba que pateaba la perra con zapatos texanos, recibí la ayuda de un sueco muy simpático que me subió y bajó ambas maletas del tren (como contramano al momento desagradable que sufrí unos minutos atrás), así que me relajé y no me di ni cuenta cuando ya estaba en Malmö Syd encontrándome con Mattias :) (la verdad, él me encontró a mí entre toda la gente que había). Después de la bienvenida atropellada que me dio (un beso, un abrazo y agarrar las maletas XD) pude llamar a mi mamá, poner las maletas en el auto y emplumar hacia Kalmar (bajando a comer en un Mc Sebo a medio camino), llegando al departamento como a las 10 de la noche y no pasadas las 12 como en el viaje anterior :)

Dormí 14 horas de corrido – víctima del jetlag – y anduve perdida en el espacio – tiempo bastantes días, pero ya me he habituado nuevamente a Suecia y sus noches tempranas, sus heladas, el viento chasconeador de Kalmar, aparte de disfrutar de su rica comida… Thai, jajajajajajajaja! Ya hice el papel que me permite tener una ID sueca y es cosa de días para que me llegue la carta con los 4 dígitos que necesito para pasar de ser nadie a ser “alguien” en este pedazo de tierra situado en Europa del norte y – al fin – acceder a clases de “suecio”, como diría mi adorado Mattias XD

Creo que es suficiente posteo por hoy! Me explayé bastante acerca del viaje y pido perdón por la falta de fotos, pero no tomé muchas y las pocas que tomé tienen nada más que un alas de protagonistas, jajajajajaja!!!! Les mando muchos saludos a todos y nos vemos en otro escrito, yeah!

Hasta otro post (prometo que será luego!)

Yo ;)

3 comments:

Caro Tere said...

oohhhh YA ESTAS CON TU AMORRRRRRRRRRR¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Como paso el tiempo de rapido, felicidades y que disfrutes a concho tu vida por allá ... saludos desde Chile

Sakenne said...

Seee, he vuelto a Suecolandia a estar con mi amorsh ;)! Fueron 7 meses de espera, pero ya estoy acá y soy muy feliz!

Muchas gracias por tus buenos deseos y te mando un besote y un abrazote!!!

Ten un lindo jueves y come asadito, ya?

Caro Tere said...

el próximo asado que nos comamos, haré un salud por tí ... y que se te vaya esa nebulosas que sientes a tu alrededor, un abrazo afectuoso¡¡¡¡