Tuesday, April 08, 2014

Crónicas Enlatadas XXVII: La culpa NO fue mía.

Como buena antisocial que soy, a ratos me causa incomodidad el tener que entablar relaciones superficiales con gente porque "es lo que se requiere en estos días". No crean, mis queridos lectores, que niego el saludo o que ando sacándole la lengua a todos los que pasan por mi perímetro de visión, sino que a ratos considero innecesario el tener que andar fingiendo interés cuando realmente el asunto me da prácticamente lo mismo; sin embargo la sociedad sueca es incluso más "diplomática a regañadientes" que la chilena y termino casi siempre metida en lugares raros y haciéndole caras raras a gente rara, cosa que ha causado un hoyo negro en mi billetera de tanta crema antiarrugas que me he tenido que comprar últimamente. 

Cuando tenía una autoestima cercana a -550, recuerdo que me esmeraba de manera orientalmente excesiva en caerle bien a la mayor cantidad de gente. Cantaba para la gente, escribía para la gente y, por mucho que me esforzara, siempre salían con una idiotez nueva por la cual mandarme al rincón de los rechazados. Me costó entender que, pasara lo que pasara, ese montón de gente nunca me iba a aceptar - a lo más me terminaron teniendo una especie de mezcla muy agradable entre terror y respeto - y que lo tomara todo como una especie de proyecto de plantación fallido en vez de tirar semillas de buena onda en otro lado. Sí, soy una persona de carácter y que suele pensar completamente al revés que el común de los mortales (debe ser porque soy inmortal y porque el aire de mi nave de plátano maduro con Wifi me provee de grandes momentos de iluminación), pero eso no quiere decir que mi carácter de "exótica" (o derechamente rara) sea una pseudovirtud que posee las características contagiosas del ébola. Yo tuve mucho feedback por parte de esa gente que no me soporta o no me ha soportado a lo largo del tiempo, y el mensaje más claro es el siguiente: "da lo mismo lo que hagas, cómo lo hagas y para qué lo hagas, siempre va a haber alguien capaz de pagar a una sacerdotisa vudú por verte mal". Primero sufría como no tienen idea, queridos lectores... mi pobre mamá tenía que aguantar mis llantos y, con paciencia infinita de mamá, me respondía que era mucho mejor que los ignorara, pero para mí era tan, pero tan difícil! Yo los veía como gigantes y, a su lado, esta nada de humilde servidora con narcisismo extremo se sentía más chiquita que una hormiga, yo diría que hasta un virus (el del ébola, para que sigamos en la misma línea y el pobre virus no se sienta abandonado) me sobrepasaba en dimensiones. Me costó mucho darme cuenta que hay cosas que pasan simplemente porque pasan y, por más vueltas que uno le dé, tienen tan poca respuesta como preguntarse adónde van los calcetines perdidos... pero eso no quiere decir que la falta de respuestas haya sido en vano y yo no haya hecho algo a partir de mis conclusiones tan poco conclusivas. 

Junto con mi momento de iluminación, vino algo muy parecido a la rabia que hizo que todo lo que antes me quitaba el sueño me pareciera aburrido y, entre ello, me di cuenta que agradar a todo mundo simplemente porque eran cantidad no sólo era una tarea imposible, sino estúpida. Empecé a cuestionarme todas mis relaciones y sólo un par sobrevivió a la limpieza, mientras que las demás perecieron con el tiempo o las asfixié debido a que me traían más problemas que soluciones. Fui llamada de todo (especialmente desgraciada), me lloraron, me gritaron en plena calle, juraron venganza, juraron humillarme y un largo etcétera, pero no niego que me sentí aliviada. Para mí, perder gente a mi alrededor fue una cosa que me hizo un bien enorme, soy una persona que se entrega a sus lazos afectivos y me di cuenta que tenía demasiados como para poder preservar mi salud emocional y mental. No quiero decir que ahora no salude a nadie ni me interese en nadie que no sea mi amigo desde hace milenios, sino que ya no me importa agradar a todos como me importaba antes. 

Una cosa que cambió debido a esa nueva postura ante la gente fue que dejé de hacer todo gratis. Antes lo hacía todo absolutamente gratis, incluso cosas que hacían que me amaneciera, otra estrategia (bastante tonta) que yo usaba para ganarme aprecio de la gente. Me dirán que mi solidaridad era un tanto interesada, pero yo lo veía como un modo de ganarme una autoestima decente a base de afecto ajeno, porque autoestima mía no tenía y creía ingenuamente que debía cosecharla desde el exterior. A día de hoy sigo haciendo algunas cosas gratis (especialmente las que son de suma urgencia, como arreglar un texto para una reunión que es para ayer, corregir párrafos para una presentación o cosas por el estilo), pero de ahí a que me manden a hacer bufandas, gorros, cubrecamas, tesis, trabajos, poemas de amor, maldiciones gitanas y de todo un poco hay un trecho más grande que la distancia entre Chile y Suecia y hay un riesgo incluso más grande de que te llamen de todo cuando dices (casi muerta de miedo) que no tienes tiempo.

Tengo que darle las gracias a tanto libro (irónico) que he leído y a un puñado de muy buena gente por los cambios que he hecho en los últimos años. A ratos me pego mis patinadas locas - como el año pasado, cuando perdí mi usual compostura por las dos pájaras que ahora ni siquiera se saludan cuando van a la iglesia - y me termino golpeando la cabeza en la pared más cercana, pero luego de un par de chichones entro en razón y me digo "errores los comete cualquiera, incluso mi mamá que es perfecta" (XD) y sigo en lo mío luego de su descarga escrita correspondiente, porque descargar la ira/cólera/intención de tirar bombas Molotov es algo que yo considero necesario para poder seguir viviendo sin volverme completamente loca... aunque quizás sea demasiado tarde, jajajaja!

Y hablando de demasiado tarde, creo que no tendré tiempo este mes para pasarle el mantel a crochet a mi suegra. No es algo que me quite el sueño ni mucho menos, pero me di cuenta que no tenía nada de ganas de andar cosiendo cuadradito por cuadradito (repítase por 144 veces) y me puse a buscar un nuevo modelo que pudiera tejer a la pieza central. Lo encontré... pero eso fue la semana pasada y tengo que ir a Mordor, digo, Vimmerby, el domingo y no alcanzo a terminar por mucho que me esmere (y no tengo ganas de esmerarme, maldito hilo del demonio!). La cosa va más o menos así... 


Como pueden ver, llevo 20 y mis cálculos preliminares son de 144, así que lo terminaría sólo si me pusiera a tejer como loca y no tengo ganas de tejer como loca con un hilo tan jodido. Y hablando de hilos, me puse a mirar mi cajón de las lanas y me di cuenta que tenía varios elementos "combinables", así que me puse a experimentar. En mi sitio favorito de lanas suelen tener dos tipos de ofertas: las ofertas de los martes y las ofertas de "hasta agotar el stock", las cuales causan otro hoyo negro en mi billetera. Ya dos veces me he encontrado dos lanas delgadas multitono descontinuadas y, siguiendo mi intuición y mi compulsivdad lanera, he comprado unos cuantos paquetes... sólo para dejarlos guardados.  Siguiendo otra compulsividad lanera, me dio por comprar como tres kilos de una lana doble blanca que tiene un efecto bonito y, como las otras, terminaron guardaditas hasta que se me prendió el foco de microscopio que tengo encima de la cabeza y me dio por usarlas juntas. Si bien soy de las que teje muchas cosas al mismo tiempo, me propuse hacer un solo proyecto por esta vez como modo de experimentación (para no cagarla dos veces si sale mal) y la cosa va más o menos así :)


El esquema es el mismo del chaleco café de la vez anterior, pero acá la lana no es doble sino triple porque la base blanca ya es doble. Pensé que los tonos iban a desaparecer, pero me alegra ver que no sólo no desaparecieron, sino que se mezclan bastante bien con la base :) No es una mezcla fuerte como la de negro con morado, sino que es una tan pacífica y casi infantil que me dan ganas de usar el proyecto de chaleco como almohada para tener dulces sueños, jajajaja!

Y hablando de dulces sueños, creo que es hora que vaya cerrando mis ojotes. Espero que tengan una semana genial, que les vaya muy bien en todo, que coman chocolate y tomen helado, que no tengan que aguantar maldiciones gitanas ni trabajos a deshora, que dejen de agradar a todo el mundo y encuentren su valor mirándose al espejo y diciéndose "si no fuera tan car@, me compraba", jajajajajaja!
Nos vemos en otro post!

Saludos primaverales (achús)!

Yo =)